Abordar
el texto Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman (introducción y capítulo 3) me hizo reconocer que en
muchos aspectos de mi vida ejemplifico perfectamente lo que define la
modernidad. Antes de venir a estudiar a Brasil, tenía ese deseo constante de
eliminar fronteras, de no aferrarme al suelo que pisaba, de buscar nuevas y
mejores oportunidades en otro país. Sentía dentro de mí ese rechazo al confinamiento
territorial propio de la modernidad. En esta búsqueda del sentido de la vida,
de esa construcción individual de mi propio nicho a través de la libertad fué
que decidí vivir en este maravilloso país por dos años.

Me siento muy identificada cuando el texto sugiere que
los líquidos no son leves, ya que hay líquidos que pesan más que algunos
sólidos. En este sentido, el deseo de cambio, de movimiento que he
experimentado en mi vida al querer venir a buscar un nuevo horizonte de
crecimiento personal e intelectual en un país diferente al mío cobra un sentido
trascendente y de valor. Comencé a
desautorizar el poder de lo pasado, de mi zona de comfort, de las convicciones
y lealtades hacia lo rutinario al equipararlo con lo tranquilo. Esa aparente
tranquilidad que produce la rutina, lo conocido, lo predecible, enmohece el
alma. Al hacer espacio a nuevas formas de mirar el mundo, a nuevas
perspectivas, a la impredecibilidad es lo que me va a llevar a avanzar.
Considero líquida mi existencia en este momento, ya que estoy ocupando un
espacio al que antes no estaba acostumbrada y al que me estoy moldeando, al
igual que un líquido toma la forma del envase que lo contiene.
Considero de importancia lo establecido por el autor
al mencionar que se necesita gente capaz de cambiar su situación individual
como parte del proyecto de cambiar el orden de la sociedad. Me encuentro
alineada con esa forma de concebir el mundo ya que los cambios que lleve a cabo
una persona en su propia vida tienen el poder de trascender en la vida de
otros. Es aquí donde cabría mencionar el efecto
mariposa. “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán
en otra parte del mundo” (1) Esta idea sacada de la física puede aplicarse a la
vida cotidiana. Eso implica que si en un sistema se produce una pequeña
perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un
efecto considerablemente grande a corto o mediano plazo.
Es propio de la modernidad concebir el nomadismo como
algo aceptable y además deseable. En este orden de ideas, considero que haberme
desplazado a Brasil en búsqueda de nuevos horizontes de aprendizaje supone un
ejemplo personal del espíritu móvil y líquido de la modernidad.
Ahora bien, habiendo resaltado los aspectos vibrantes,
positivos y dinamizadores de la modernidad, y habiéndolos interpolado con mi
propia realidad, es necesario ahora darle una mirada a su faceta negativa. El mundo moderno en su
afán de movilidad, de cambio, de inmediatez, ha ido desplazando en gran medida
desde objetos (que apenas son creados ya se vuelven perecederos u obsoletos)
hasta las relaciones entre las personas. Así como los computadores y otros
dispositivos tecnológicos tienen una “obsolescencia programada”, las relaciones
entre los seres humanos se van tornando efímeras, volátiles y en muchos casos
mediadas por el solo utilitarismo, donde las personas se valoran sólo si son
útiles a los fines e intereses personales de otros.
Es aquí donde somos llamados a ser personas críticas y
responsables por el fortalecimiento de vínculos afectivos que se alejen del
concepto de inmediatez y superficialidad. No es posible extrapolar la relación
que hemos creado entre nosotros y la muy cambiante y vertiginosa tecnología,
con las relaciones que establecemos con los otros seres humanos.
Aquí podemos traer a diálogo lo expresado por el autor
en cuanto a la creciente tendencia de la civilización a interactuar con
extraños en lugares “públicos pero no civiles” de una manera carente de
contacto. El otro está alrededor mío pero yo no lo miro, no nos hablamos ni nos
escuchamos. La tecnología ha jugado un papel importante para establecer una
nueva dinámica en las relaciones sociales: la gente que se encuentra en un
restaurante para compartir una cena, resulta “charlando” con otros a través de
redes sociales, ignorando a la persona que tienen en frente de manera física.
En este orden de ideas y para concluir, el llamado es
a poner en perspectiva y en la escala de valores correspondiente tanto las
ventajas de la modernidad, con sus cambios, su sed de movimiento, de avance, de
búsqueda de sentido de la vida, como sus debilidades al mostrarnos un mundo
basado en lo inmediato, lo efímero, lo volátil en cuanto a relaciones sociales.
Dejemos que la tecnología siga fluyendo a su ritmo cada vez más veloz, pero no
extrapolemos esta instantaneidad de las baterías descartables a las relaciones
con otros seres humanos, las cuales idealmente deberían ser durables,
relevantes, basadas en valores diferentes al dinero y alejadas de la
instrumentalización del ser humano.
(1) Conferencia de Edward Lorenz del 29 de diciembre de 1972 en el Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.), de Cambridge, (E.E.U.U.) Link: El efecto mariposa
